DESAFÍOS PARA LA IMPLEMENTACIÓN Y LA ARTICULACIÓN INTERSECTORIAL EN VILLA MERCEDES (SAN LUIS)

Lic. Keila Daiana Cabrera
El año 2026 fue definido en la provincia de San Luis como “el Año de la Educación.”, una decisión que expresa la intención de colocar la educación en un lugar central de la agenda pública provincial. Este marco se encuentra acompañado por nuevas disposiciones, protocolos y lineamientos destinados a orientar las intervenciones frente a diversas situaciones que atraviesan cotidianamente a las instituciones educativas de diferentes ciudades de la provincia.
Quienes trabajamos en escuelas de la Ciudad de Villa Mercedes, que la educación sea considerada una prioridad resulta, sin dudas, una decisión necesaria y significativa. Sin embargo, la experiencia cotidiana también invita a detenerse en una cuestión que no siempre ocupa el mismo lugar en los discursos oficiales: las condiciones concretas en las que las políticas educativas deben implementarse.
Las instituciones educativas reciben actualmente demandas que exceden ampliamente lo pedagógico, las trayectorias escolares de los estudiantes están atravesadas por situaciones familiares, económicas, vinculares, sanitarias y sociales que, en muchas ocasiones, no pueden ser abordadas ni resueltas exclusivamente desde la escuela. Frente a esta realidad, se han desarrollado resoluciones y protocolos que permiten orientar las intervenciones y establecer criterios comunes de actuación. No obstante, su existencia no garantiza, por sí misma, una respuesta integral, el desafío aparece cuando aquello que se establece en una normativa debe ponerse en práctica en instituciones y organismos que cuentan con recursos limitados para sostenerlo. Entonces, la pregunta no es solamente qué políticas se diseñan, sino
qué condiciones son necesarias para que esas políticas puedan traducirse en respuestas efectivas para los estudiantes y sus familias. Mirar estas condiciones no implica cuestionar la necesidad de las políticas, sino preguntarse qué aspectos deben ser contemplados para que sus objetivos puedan efectivamente alcanzarse.
Entre el protocolo y la respuesta intersectorial
Los protocolos constituyen herramientas importantes para las instituciones educativas, ya que permiten ordenar las actuaciones, establecer responsabilidades y evitar que situaciones complejas queden libradas exclusivamente a decisiones individuales del personal. En este marco, frente a las posibles vulneraciones de derechos, situaciones de violencia, problemáticas familiares, discapacidad y otras circunstancias que afectan las trayectorias escolares, contar con orientaciones claras resulta fundamental para las escuelas. Sin embargo, la aplicación de un protocolo suele ser apenas el inicio de una intervención, muchas veces las situaciones requieren de la participación de organismos externos. De este modo, la institución puede realizar las comunicaciones correspondientes, elaborar informes y activar los procedimientos establecidos, pero a partir de ese momento, la continuidad de la intervención depende de la capacidad de respuesta de otros actores institucionales de la Ciudad. Por lo tanto, existen problemáticas que requieren intervenciones articuladas, pero las condiciones institucionales de los distintos organismos no siempre permiten sostener esa articulación.
En la práctica, quienes trabajamos cotidianamente en las escuelas conocemos las dificultades que pueden surgir cuando una intervención requiere la participación de otros organismos. En estas situaciones, los organismos judiciales, el sistema de salud y otras instituciones forman parte de una red necesaria para construir abordajes integrales. Sin embargo, la creciente demanda, las dificultades en la comunicación y articulación entre los organismos, la insuficiencia de recursos humanos, las limitaciones presupuestarias, la falta de turnos y de espacios disponibles, así como las dificultades para sostener los seguimientos, pueden limitar la continuidad de las intervenciones. De este modo, aun cuando la institución educativa haya cumplido con los procedimientos establecidos, la respuesta puede verse interrumpida o debilitada en las instancias posteriores, poniendo en evidencia la distancia que puede existir
entre lo que un protocolo establece y las condiciones reales necesarias para garantizar un abordaje integral y superador.
Las problemáticas que llegan a las instituciones educativas requieren superar miradas fragmentadas y comprender que, en muchas ocasiones, no pueden abordarse desde un único sector. Las situaciones que atraviesan los estudiantes pueden involucrar dimensiones educativas, familiares, sociales, sanitarias y judiciales, por lo que requieren respuestas articuladas entre diferentes organismos. La escuela puede detectar, acompañar y orientar, pero no puede sustituir las funciones de otras instituciones que deben intervenir para garantizar respuestas sociales, sanitarias o judiciales
En este marco, surge una de las principales necesidades de la práctica institucional, el fortalecimiento de la articulación entre Educación, Salud y Justicia; las situaciones que atraviesan los estudiantes no reconocen las fronteras administrativas de los ministerios. Un problema puede advertirse inicialmente en la escuela, y puede requerir una intervención sanitaria y, al mismo tiempo, demandar una medida de protección o una intervención judicial. Cuando cada organismo actúa de manera aislada, la respuesta corre el riesgo de fragmentarse. Así, surge la necesidad de construir procesos de intersectorialidad que permitan compartir información pertinente, establecer responsabilidades, generar devoluciones y sostener el seguimiento de cada situación.
Por eso, declarar que la educación es una prioridad implica también fortalecer las condiciones económicas, materiales, estructurales y profesionales en todas las instituciones. Por lo tanto, no alcanza con establecer nuevos protocolos, es necesario contar con personas, tiempos institucionales, equipos interdisciplinarios y espacios de articulación que permitan llevar adelante aquello que las políticas plantean al momento de aprobarse.
Conclusión
Estas reflexiones no pretenden desconocer los avances ni cuestionar la necesidad de las políticas implementadas durante el “Año de la Educación” por la provincia de San Luis, ya que muchas de ellas responden a situaciones reales y constituyen herramientas necesarias para las instituciones.
El desafío aparece al observar la distancia entre la formulación de una política y las condiciones concretas de su implementación. Declarar la educación como prioridad supone asumir que las escuelas no pueden sostener por sí solas todas las situaciones sociales que atraviesan a sus estudiantes. Sin embargo, también requiere garantizar recursos económicos, infraestructura y profesionales suficientes, para construir mecanismos de articulación efectivos con Salud, Justicia y otros organismos que forman parte de la red de protección de derechos.
La discusión no debería centrarse únicamente en sí una política está bien formulada o si un protocolo fue correctamente aplicado. También es necesario preguntarse qué sucede después: qué institución sostiene la intervención, qué recursos existen, quién realiza el seguimiento y de qué manera se acompaña a las familias y a los estudiantes cuando la situación excede las posibilidades de la escuela.
Para finalizar, priorizar la educación significa mucho más que colocarla en el centro del discurso público; significa generar las condiciones para que esa prioridad se traduzca en presencia institucional, acompañamiento, articulación y respuestas concretas a las problemáticas de nuestros estudiantes.
