
Especialista en Docencia Universitaria, Licenciada en Obstetricia y docente universitaria.
Confundir un hito biológico como lo es la menopausia con una transición que dura años como lo es el climaterio, no es solo un error de terminología: es el síntoma de un vacío profundo en la formación académica y en el diseño de las políticas sanitarias. Mientras millones de mujeres atraviesan el climaterio en
medio de la desinformación o la resignación, el sistema de salud y las universidades siguen postergando una discusión urgente y necesaria.
1° Taller “Mujeres ¿Qué nos está pasando?Para dimensionar la escala de esta problemática, basta con observar los datos demográficos: según proyecciones del INDEC para 2026, en Argentina viven alrededor de 4,6 millones de mujeres de entre 40 y 54 años en transición hacia la menopausia o atravesándola. Hablar de sus necesidades de salud no es ocuparse de un asunto secundario o marginal, sino atender una realidad colectiva que involucra a millones de personas.
Más allá de un término clínico: un proceso multidimensional
Un obstáculo inicial en este debate es la confusión conceptual. Aunque frecuentemente se usan como sinónimos, climaterio y menopausia no lo son. Mientras que la menopausia es un hito puntual definido por la ausencia de menstruación durante doce meses consecutivos, el climaterio es el proceso de transición más amplio, vinculado a cambios progresivos en la función ovárica y hormonal, que se extiende antes y después de ese momento. Esta distinción es crucial porque permite comprender que las transformaciones corporales
comienzan mucho antes de la última menstruación y pueden persistir durante los años siguientes.
Pero reducir esta etapa a un fenómeno puramente hormonal o biológico es un error reduccionista. El climaterio es una experiencia multidimensional profundamente influenciada por factores psicológicos, sociales y culturales. La forma en que cada mujer transita este período depende de su historia personal, sus vínculos, sus condiciones materiales de vida, su accesibilidad al sistema sanitario y las representaciones sociales vigentes sobre el cuerpo, el envejecimiento y la sexualidad femenina.
El vacío en la formación médica y profesional
A pesar de su innegable relevancia demográfica, el climaterio ha sido históricamente marginado de la formación de los profesionales de la salud. Las currículas universitarias enseñan de forma exhaustiva a acompañar el embarazo, el nacimiento, la anticoncepción y la salud reproductiva, pero dedican un espacio ínfimo a la transición menopáusica. Incluso cuando el tema figura en los planes de estudio, suele abordarse como un contenido aislado y meramente biológico, sin ahondar en su complejidad social e integral.
Como obstétrica y docente, considero que este desafío interpela de manera directa a las instituciones formadoras. El incremento de la expectativa de vida
—uno de los grandes logros de la medicina moderna— carece de sentido si esos años adicionales no se acompañan de bienestar, autonomía y calidad de vida. En este escenario, el climaterio ya no puede seguir ocupando un lugar secundario.
Respuestas integrales frente al silencio y la incertidumbre
En los espacios de divulgación y consulta abundan las dudas y el malestar físico y emocional: sofocos, alteraciones del sueño, cambios de ánimo, dificultades de concentración, modificaciones en el peso corporal, disminución del deseo sexual, dolores articulares o alteraciones del ciclo menstrual. Ante la falta de respuestas claras, las mujeres transitan esta etapa con una profunda incertidumbre sobre si lo que experimentan es esperable o si existen alternativas para sentirse mejor.
Normalizar el sufrimiento o la incomodidad con frases resignadas como “es la edad” o “hay que acostumbrarse” es una forma de abandono. El climaterio no es una enfermedad, pero tampoco debe convertirse en un período de resignación silenciosa. Hoy en día existe sólida evidencia científica para orientar cambios en el estilo de vida, tratamientos hormonales específicos (cuando están indicados), alternativas no hormonales y estrategias de prevención que protejan la salud cardiovascular, ósea, metabólica, mental, emocional, sexual y nutricional.
Dada la complejidad de estas necesidades, su abordaje requiere una perspectiva interdisciplinaria que articule los aportes de distintas áreas de formación vinculadas con la salud integral, entre ellas obstetricia, enfermería, nutrición, psicología, kinesiología y medicina, junto con otras disciplinas que contribuyan a una atención integral y centrada en las necesidades de las mujeres durante el climaterio.
Un compromiso ético y social
Para transformar esta realidad, la educación permanente es una herramienta indispensable. El conocimiento científico debe derribar los muros de los congresos y las publicaciones especializadas para llegar a las aulas, los equipos de salud, los consultorios y, principalmente, a las mujeres, dotándolas de herramientas para disminuir la incertidumbre y decidir sobre sus propios cuerpos.
Las mujeres mayores de cuarenta años no pueden seguir ocupando un lugar periférico en el diseño de las políticas de salud, en la formación académica ni en las estrategias de cuidado. Reconocer esta realidad implica anticiparnos, acompañar y prevenir, en lugar de esperar a que los problemas aparezcan o sean naturalizados como consecuencias inevitables de la edad.
Invertir en formación es invertir en salud. Brindar información confiable, decisiones oportunas y un acompañamiento respetuoso durante el climaterio no es opcional: es una responsabilidad ética, académica y sanitaria ineludible para garantizar que cada mujer viva esta transición con plenitud y bienestar.
