{"id":961,"date":"2026-08-24T15:16:12","date_gmt":"2026-08-24T15:16:12","guid":{"rendered":"https:\/\/visiones360.fcejs.unsl.edu.ar\/?p=961"},"modified":"2026-08-24T15:45:04","modified_gmt":"2026-08-24T15:45:04","slug":"la-salud-mental-en-ninos-ninas-y-adolescentes-una-mirada-desde-lo-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visiones360.fcejs.unsl.edu.ar\/index.php\/la-salud-mental-en-ninos-ninas-y-adolescentes-una-mirada-desde-lo-social\/","title":{"rendered":"La salud mental en ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes: una mirada desde lo social.- Li. Mercedes Oromi"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/visiones360.fcejs.unsl.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Mercedes-Oromi-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-962\" style=\"aspect-ratio:0.7500060158336742;width:163px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/visiones360.fcejs.unsl.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Mercedes-Oromi-768x1024.jpg 768w, https:\/\/visiones360.fcejs.unsl.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Mercedes-Oromi-225x300.jpg 225w, https:\/\/visiones360.fcejs.unsl.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Mercedes-Oromi.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>Li. Mercedes Oromi<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La salud mental de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes no puede explicarse exclusivamente como un fen\u00f3meno individual, sino que debe ser abordada como una problem\u00e1tica social, hist\u00f3rica y multidimensional. A lo largo de las \u00faltimas d\u00e9cadas, las problem\u00e1ticas vinculadas con la salud mental en la ni\u00f1ez y la adolescencia han adquirido una creciente visibilidad, consolid\u00e1ndose como una problem\u00e1tica social relevante dentro de la agenda p\u00fablica y de las pol\u00edticas sociales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes atraviesan un conjunto amplio y heterog\u00e9neo de situaciones que inciden en sus procesos subjetivos y en sus condiciones de bienestar. Entre ellas pueden mencionarse las dificultades vinculadas con la alimentaci\u00f3n, las distintas formas de violencia, los consumos problem\u00e1ticos, los obst\u00e1culos en los procesos de aprendizaje, redes primarias vulnerables, las experiencias de rechazo y exclusi\u00f3n, entre otras. Estas situaciones no pueden comprenderse de manera aislada ni atribuirse \u00fanicamente a caracter\u00edsticas individuales, familiares o biol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este sentido, resulta importante recuperar los aportes de Silvia Faraone(2020), quien propone abordar la salud mental en el marco de los procesos de desigualdad social. Desde esta perspectiva, los padecimientos subjetivos no constituyen fen\u00f3menos individuales, aislados o atomizados, sino que se encuentran estrechamente vinculados con las condiciones sociales y estructurales que afectan de manera a ni\u00f1os, ni\u00f1as y j\u00f3venes. La salud mental constituye, entonces, un campo atravesado por tensiones entre derechos, pol\u00edticas p\u00fablicas, saberes profesionales y diferentes modelos de intervenci\u00f3n. (Faraone &amp; Barcala, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la sociedad de hoy en d\u00eda, caracterizada por una fuerte presencia de la l\u00f3gica del mercado, existe una tendencia a reducir a problemas individuales susceptibles, que deben ser diagnosticados y medicalizados. El escenario globalizado actual, atravesado por la inmediatez, el consumo y la influencia de las redes sociales, intensifica estas tensiones. Los y las adolescentes transitan espacios atravesados por exigencias vinculadas con el rendimiento, el \u00e9xito, el cuerpo y el consumo, que<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">pueden profundizar experiencias de angustia, ansiedad, malestar y sufrimiento ps\u00edquico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este contexto, el concepto de medicalizaci\u00f3n resulta central para analizar las problem\u00e1ticas de salud mental en la ni\u00f1ez y la adolescencia. Esto no implica negar la importancia de los tratamientos m\u00e9dicos o farmacol\u00f3gicos cuando resultan necesarios, sino problematizar una tendencia que reduce complejas situaciones sociales, familiares, educativas y subjetivas a supuestos d\u00e9ficits individuales. De este modo, la medicalizaci\u00f3n puede transformar malestares sociales y relacionales en trastornos individuales, dejando en un segundo plano dimensiones fundamentales como las historias de vida, los v\u00ednculos socioafectivos y los contextos socioculturales. (Due\u00f1as, s. f.).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como advierte Faraone, determinadas respuestas pueden inscribirse en l\u00f3gicas tecnocr\u00e1ticas atravesadas por demandas institucionales y por manuales diagn\u00f3stico-normativos, como el DSM, que corren el riesgo de limitar la escucha y la comprensi\u00f3n situada de las experiencias de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes. El desaf\u00edo consiste en evitar que las categor\u00edas diagn\u00f3sticas sustituyan la comprensi\u00f3n de las historias de vida, los v\u00ednculos y el contexto.Frente a este panorama, resulta imprescindible recuperar una perspectiva que reconozca a ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes como sujetos de derechos<strong>,<\/strong> tal como establece la Convenci\u00f3n sobre los Derechos del Ni\u00f1o. Esta perspectiva implica una responsabilidad fundamental del Estado en la garant\u00eda del bienestar integral y requiere el desarrollo de pol\u00edticas p\u00fablicas capaces de proteger, promover y garantizar efectivamente sus derechos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde esta mirada, toda intervenci\u00f3n cl\u00ednica, educativa, social o comunitaria deber\u00eda priorizar la escucha, la comprensi\u00f3n y el acompa\u00f1amiento. Los enfoques cr\u00edticos en salud mental permiten cuestionar las respuestas exclusivamente individualizantes y construir estrategias de intervenci\u00f3n que reconozcan la complejidad de las problem\u00e1ticas que atraviesan las infancias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En s\u00edntesis, las pol\u00edticas vinculadas con la salud mental de los y las adolescentes contin\u00faan operando, en muchos casos, bajo l\u00f3gicas focalizadas y fragmentarias, fuertemente influenciadas por el paradigma m\u00e9dico. Esto puede traducirse en respuestas que priorizan la medicalizaci\u00f3n del malestar por sobre la construcci\u00f3n de condiciones sociales, institucionales y comunitarias capaces de sostener y acompa\u00f1ar los procesos subjetivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuestionar estas pol\u00edticas no implica negar la rechazar las intervenciones m\u00e9dicas cuando son necesarias. Por el contrario, implica disputar los modos en que el Estado y las instituciones comprenden e intervienen sobre la salud mental. Supone reconocer que detr\u00e1s de un diagn\u00f3stico existe un sujeto de derecho, con una historia, v\u00ednculos y condiciones concretas de existencia. Pensar la salud mental como una problem\u00e1tica social implica, entonces, avanzar hacia pol\u00edticas e intervenciones integrales que garanticen derechos y reconozcan la complejidad, singularidad y potencialidad de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La salud mental de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes no puede explicarse exclusivamente como un fen\u00f3meno individual, sino que debe ser abordada como una problem\u00e1tica social, hist\u00f3rica y multidimensional. 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En este sentido, resulta importante recuperar los aportes de Silvia Faraone(2020), quien propone abordar la salud mental en el marco de los procesos de desigualdad social. Desde esta perspectiva, los padecimientos subjetivos no constituyen fen\u00f3menos individuales, aislados o atomizados, sino que se encuentran estrechamente vinculados con las condiciones sociales y estructurales que afectan de manera a ni\u00f1os, ni\u00f1as y j\u00f3venes. La salud mental constituye, entonces, un campo atravesado por tensiones entre derechos, pol\u00edticas p\u00fablicas, saberes profesionales y diferentes modelos de intervenci\u00f3n. (Faraone &amp; Barcala, 2020). En la sociedad de hoy en d\u00eda, caracterizada por una fuerte presencia de la l\u00f3gica del mercado, existe una tendencia a reducir a problemas individuales susceptibles, que deben ser diagnosticados y medicalizados. El escenario globalizado actual, atravesado por la inmediatez, el consumo y la influencia de las redes sociales, intensifica estas tensiones. Los y las adolescentes transitan espacios atravesados por exigencias vinculadas con el rendimiento, el \u00e9xito, el cuerpo y el consumo, que pueden profundizar experiencias de angustia, ansiedad, malestar y sufrimiento ps\u00edquico. En este contexto, el concepto de medicalizaci\u00f3n resulta central para analizar las problem\u00e1ticas de salud mental en la ni\u00f1ez y la adolescencia. Esto no implica negar la importancia de los tratamientos m\u00e9dicos o farmacol\u00f3gicos cuando resultan necesarios, sino problematizar una tendencia que reduce complejas situaciones sociales, familiares, educativas y subjetivas a supuestos d\u00e9ficits individuales. De este modo, la medicalizaci\u00f3n puede transformar malestares sociales y relacionales en trastornos individuales, dejando en un segundo plano dimensiones fundamentales como las historias de vida, los v\u00ednculos socioafectivos y los contextos socioculturales. (Due\u00f1as, s. f.). Como advierte Faraone, determinadas respuestas pueden inscribirse en l\u00f3gicas tecnocr\u00e1ticas atravesadas por demandas institucionales y por manuales diagn\u00f3stico-normativos, como el DSM, que corren el riesgo de limitar la escucha y la comprensi\u00f3n situada de las experiencias de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes. El desaf\u00edo consiste en evitar que las categor\u00edas diagn\u00f3sticas sustituyan la comprensi\u00f3n de las historias de vida, los v\u00ednculos y el contexto.Frente a este panorama, resulta imprescindible recuperar una perspectiva que reconozca a ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes como sujetos de derechos, tal como establece la Convenci\u00f3n sobre los Derechos del Ni\u00f1o. Esta perspectiva implica una responsabilidad fundamental del Estado en la garant\u00eda del bienestar integral y requiere el desarrollo de pol\u00edticas p\u00fablicas capaces de proteger, promover y garantizar efectivamente sus derechos. Desde esta mirada, toda intervenci\u00f3n cl\u00ednica, educativa, social o comunitaria deber\u00eda priorizar la escucha, la comprensi\u00f3n y el acompa\u00f1amiento. 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