La responsabilidad Social Empresarial y el Balance Social- CPN: Pablo Ale

CPN: Pablo Ale

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un concepto ampliamente instalado en el ámbito académico desde hace varias décadas y que continúa en desarrollo. Se considera a Howard Rothmann Bowen (1908-1989) como el padre de la disciplina, a partir de la publicación en 1953 de su obra fundacional Social Responsibilities of the Businessman.

En sus orígenes, la idea encontró fuerte resistencia entre quienes sostenían que la única responsabilidad de la empresa privada consistía en generar beneficios para sus propietarios. Entre los autores que defendían esta postura se destaca Milton Friedman, quien en un artículo de 1962 sostuvo que exigirle a la empresa objetivos adicionales a la maximización de utilidades equivalía a perjudicar su desempeño.

Esta concepción —centrada exclusivamente en la maximización de la riqueza— comenzó a debilitarse a medida que la sociedad exigió que las organizaciones asumieran otros roles. Surgió así la denominada empresa filantrópica, que comenzó a realizar aportes en distintos ámbitos, muchas veces impulsados por desgravaciones fiscales, destinados a la cultura, la educación y otras causas sociales. Con el tiempo, sin embargo, este enfoque también resultó insuficiente frente a una sociedad en constante transformación, y distintos actores sociales comenzaron a demandar un compromiso más profundo por parte de las empresas. Surge entonces el concepto de Responsabilidad Social Empresarial, entendido como una forma de gestionar los impactos de la actividad empresarial sobre su entorno.

Las cinco dimensiones de la RSE según Kliksberg

Según Bernardo Kliksberg, referente latinoamericano en la materia, la RSE puede analizarse a partir de cinco dimensiones clave:

  • Buen trato al personal: ofrecer sueldos dignos y trabajo estable, capacitación continua y oportunidades de desarrollo, respetar a las mujeres y a las minorías, y propiciar un equilibrio saludable entre la vida familiar y laboral.
  • Relación con los consumidores: proveer productos de buena calidad a precios justos, sin recurrir a publicidad engañosa o nociva para la salud pública.
  • Cuidado ambiental: asumir una defensa activa del medio ambiente y del clima, internalizando los costos ecológicos para preservar el planeta de cara a las generaciones futuras.
  • Transparencia: actuar con honestidad informativa frente a inversores, proveedores, consumidores y la sociedad en su conjunto, evitando fraudes o prácticas engañosas.
  • Inversión social comunitaria: involucrarse de forma sistemática y activa en los problemas prioritarios de la comunidad —como la pobreza o la desigualdad—, reconociendo que el éxito empresarial se sustenta, en buena medida, en el apoyo de la sociedad.

El Balance Social como herramienta de medición

¿Cómo puede determinarse si una empresa cumple efectivamente con sus compromisos de responsabilidad social? Desde las ciencias económicas se procura contar siempre con instrumentos de medición que permitan sustentar la toma de decisiones: lo que no se puede medir difícilmente pueda gestionarse o corregirse.

Para dar respuesta a este interrogante surge el Balance Social, instrumento que permite medir, de manera permanente y sistemática, en términos cualitativos y cuantitativos, los programas que favorecen el desarrollo de la acción social de la organización, e informar a los agentes internos y externos sobre su desempeño social durante un período determinado.

El Balance Social se estructura en torno a tres ejes: económico, social y ambiental. Sobre cada uno de ellos se construyen indicadores cualitativos y cuantitativos que reflejan el conjunto de acciones llevadas a cabo por la organización, tal como se sintetiza en la Figura 1.

Marco normativo en Argentina

En Argentina no existe una normativa única que obligue de manera uniforme a todas las empresas a presentar Balances Sociales. En muchos casos, su elaboración es de carácter voluntario y forma parte de las políticas de RSE de cada organización, aunque existen normas específicas que obligan a determinados entes a elaborar este tipo de reportes, entre ellas:

  • La Ley 25.877, cuyo artículo 25 establece que las empresas que ocupen a más de 300 trabajadores deben elaborar anualmente un balance social con información sobre condiciones de trabajo, empleo y costo laboral.
  • La Ley de Cooperativas N.° 20.337 y las resoluciones específicas del INAES, que exigen a las cooperativas rendir cuentas sobre el cumplimiento de sus principios solidarios y sociales.
  • Distintos marcos provinciales que imponen exigencias a determinado tipo de empresas u organizaciones —por ejemplo, normas de la provincia de Salta referidas a la elaboración de un balance ambiental anual, y la Ley N.° 8.761 de Tucumán, que reconoce y promueve la aplicación voluntaria de esta herramienta.

A nivel técnico, la elaboración del Balance Social se orienta por la Resolución Técnica 36 —modificada por la Resolución Técnica 44—, cuyos lineamientos adoptan de manera directa los principios y pautas de los Estándares de Sostenibilidad del Global Reporting Initiative (GRI) como metodología de referencia.

Conclusión

El recorrido conceptual de la RSE —desde la empresa narcisista hasta la empresa socialmente responsable— evidencia un cambio profundo en la manera de entender el rol de las organizaciones dentro de la sociedad. El Balance Social se consolida como la herramienta que permite traducir ese compromiso en información verificable, sistemática y comparable, condición indispensable para que la responsabilidad social deje de ser una declaración de intenciones y se convierta en una práctica de gestión medible.

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