“Proceso de Construcción de la Subjetivación adolescente en la era digital”.- Lic. Gisela Ochoa

Lic. Gisela Ochoa

CONTENIDO

En el siguiente escrito, nos proponemos reflexionar sobre la formación de la subjetividad adolescente y la influencia de los medios digitales en el ámbito escolar. Esto nos permitirá comprender cómo se transita la adolescencia en el contexto educativo, considerando que las tecnologías digitales forman parte de las prácticas culturales.

En esta dirección, se realizará un análisis tomando a la escuela como una institución, influenciada por las tecnologías y medios digitales en las aulas. Se enmarca en una mirada contemplativa que abarca tanto las temáticas como los procesos de aprendizaje mediados por tecnologías, poniendo el foco en las particularidades del espacio escolar, como también en el contexto de políticas estatales que habilita formas específicas de desarrollo en la subjetividad.

Finalmente, buscamos abrir un espacio de reflexión sobre los cambios culturales y tecnológicos que atraviesan los adolescentes, en constante interacción con el medio y marco escolar. En esta parte es vital considerar a las subjetividades, abordar la complejidad de las tensiones que emergen en la interacción entre; escuela, tecnología y conocimiento.

DESARROLLO

La adolescencia se constituye como una etapa crucial en la construcción de la subjetividad. Este es un proceso complejo a través del cual los individuos se perciben a sí mismos, define su posición frente al mundo y comienzan a interactuar de manera consciente con las estructuras sociales y políticas que los rodean. Según Trujillo Eljuri et al. (2019), “La adolescencia es una etapa de transición caracterizada por la búsqueda de identidad que produce un estado de vulnerabilidad para el adolescente, que necesita herramientas para insertarse en la sociedad acorde a su cultura” (p. 50).

En este contexto, es importante señalar que la concepción de la adolescencia, al igual que la de infancia, es una construcción social e histórica, intrínsecamente ligada a las políticas y a las relaciones de poder de cada época. En el pasado, la falta de reconocimiento de etapas diferenciadas de la vida implicaba una ausencia de políticas específicas para atender las necesidades y los derechos de niños y adolescentes. Los diversos posicionamientos sociales, atravesados por factores de clase y género, fueron cruciales en la articulación del concepto de infancia y, posteriormente, de adolescencia, apelando a la interseccionalidad de raza, edad y género para visibilizar las particularidades de estas etapas.

La mirada sobre el adolescente y las prácticas predominantes en su abordaje requieren un conocimiento profundo de su comportamiento según la etapa evolutiva que atraviesa. Es importante tener en cuenta las influencias políticas y sociales que moldean sus experiencias. La escuela es un escenario e instrumento donde confluyen los adolescentes y fomenta la constitución de sus subjetividades. El uso de las nuevas tecnologías, influye en ocasiones y se usa como medio de expresión de pensamientos e intereses, donde son afectados y viceversa, entre sus pares en la formación de su autoestima, identidad y por qué no, su subjetividad. En términos generales, la subjetividad es un concepto polisémico, de construcción histórica. Se concibe como un sistema complejo constituido por el sujeto, quien incorpora elementos simbólicos, sociales, culturales e históricos, resignificándolos desde su experiencia particular. Muñoz (1996).

Este sistema, además, se encuentra arraigado en el cuerpo, es dinámico y susceptible de transformación, influenciado constantemente por las interacciones sociales y las narrativas políticas dominantes.

Este enfoque implica analizar la incomodidad de la experiencia adolescente, reflexionar sobre estrategias de intervención social priorizando el foco en el sujeto adolescente, como un ser en construcción con intereses. Visibilizando así, el modelo, o los modelos, desde donde se construyen las representaciones y explicaciones en torno a la niñez y adolescencia, y cómo estos se relacionan con las políticas públicas existentes.

En base a lo desarrollado anteriormente, ¿podríamos plantear que las redes sociales influyen abiertamente en la construcción de subjetividad y en la formación de su experiencia? Es necesario tomar en cuenta la construcción de su subjetividad como el resultado de factores influyentes en su constitución de sujetos con intereses propios, inmersos en una comunidad de particularidades sociales contextualizadas. En la adolescencia, esta exploración se intensifica al confrontarse con las expectativas sociales y las normas políticas que definen los roles y las posibilidades de los jóvenes en la sociedad.

En este trayecto, la escuela se presenta como un escenario primordial donde no solo se configuran identidades, se expresan emociones y se establecen vínculos interpersonales, sino que también se negocian significados sobre el poder, la ciudadanía y la participación en la vida colectiva.

Entonces, el entorno escolar trasciende su función meramente educativa, actuando también como un espacio simbólico cargado de significados, normas y discursos que influyen en la manera en que los adolescentes se instituyen como sujetos sociales. Es dentro de la escuela donde los/las jóvenes se enfrentan a la mirada del otro, a dinámicas de inclusión y exclusión que reflejan y a la vez moldean las desigualdades sociales. El reconocimiento o la desvalorización en este contexto, dejan una huella significativa en su subjetividad, es decir, en cómo se perciben como agentes con capacidad de influir en su entorno.

En este sentido, Zuleta (1995, p. 8, citado en Escobar Hernández, 2015) señala a la escuela como ”espacio en el que confluyen todas las fuerzas en su movimiento constante, constituye subjetividades, atrapadas en dispositivos de poder con propósitos diferentes; pero también posibilita fugas a los códigos.” Esta cita subraya la naturaleza inherentemente política de la escuela, un microcosmos donde se ejercen relaciones de poder y donde los adolescentes aprenden, consciente o inconscientemente, sobre la obediencia y la resistencia.

Asimismo, la escuela, como institución, transmite ciertos ideales y expectativas normativas sobre el “deber ser” adolescente: responsable, obediente, exitoso, participativo dentro de los márgenes definidos. No obstante, estos modelos a menudo colisionan con la multiplicidad de vivencias, trayectorias personales y formas de ser de los jóvenes, quienes buscan afirmarse y ser escuchados no solo en el ámbito interpersonal, sino también en la esfera pública, a través de diversas manifestaciones como el uso de las redes sociales, su lenguaje y jerga dialéctica, el cuerpo, el silencio o la rebeldía, que pueden interpretarse como formas de resistencia.

Por lo tanto, en la construcción de explicaciones y nuevos entendimientos de nuestros niños y adolescentes, es esencial contar con el compromiso social e institucional para ampliar los enfoques, abrir debate y adaptarlos a las nuevas demandas, integrando una perspectiva social atravesada por la política, que reconozca a los jóvenes como sujetos de derechos y agentes de cambio social. Esto se ejemplifica en su participación activa en las redes sociales y el uso de las nuevas tecnologías en la formación de su conocimiento. Implica no solo protegerlos de las vulnerabilidades, sino también fomentar su participación activa en la vida democrática y garantizar espacios donde sus voces sean escuchadas y sus derechos sean plenamente respetados.

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